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La carrera por la privacidad – por Andreas Antonopoulos

En este momento existe una amenaza existencial y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para arreglar uno de los problemas centrales de Bitcoin: el hecho de que el protocolo no facilita el anonimato (se basa en pseudónimos), y se está convirtiendo en una base de datos gigante, que a través de un análisis de metadatos puede ser usada para la vigilancia universal de todas las transacciones.

Esto es algo que tiene que ser arreglado en el propio protocolo central. Y necesita ser hecho antes de que se creen sistemas para “validar monedas”: listas negras, listas blancas, listas rojas y ese tipo de cosas que matarán la moneda al destruir su fungibilidad.

Podemos usar identificaciones y verificaciones en plataformas de pago montadas sobre el protocolo, si así lo deseamos. Pero para que el núcleo de Bitcoin siga siendo un sistema seguro, eficiente, sin riesgo de contraparte y con bajas comisiones, debe funcionar con la menor cantidad de obstáculos y la mayor fungibilidad que sea posible.

¿Qué tan fácil será impulsar esta mejora, cuando el equipo de desarrolladores está siendo bombardeado constantemente por la idea de que deben atender a las necesidades de los reguladores? En cualquier caso, esos cambios tienen que ser implementados. Tendrán mucha oposición, especialmente en los EE.UU., pero aun así hay que hacerlo, y cuanto antes mejor. No se hizo con el Internet y ahora estamos pagando las consecuencias.

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Los desarrolladores principales de Bitcoin no hacen nada al respecto porque creen que se trata de cuestiones tangenciales. Pero no lo son para lugares como Argentina y otros países que padecen regímenes represivos. No se trata de tener la capacidad de comprar una droga con Bitcoin y que nadie se entere, sino de la capacidad de usar la moneda en medio de un contexto represivo y que no te secuestren a ti y a tu familia en medio de la noche. Para estas personas, el anonimato, la privacidad, significa libertad de asociación, libertad de expresión y la posibilidad de sobreponerse a las adversidades que les toca vivir.



Y aquí, en los EE.UU., se lo toma como lo opuesto: como un lujo para aquellos que quieran “jugar sucio” con Bitcoin, cuando sabemos que todo el juego sucio reside en el sistema monetario que sostiene al dólar estadounidense.

Mi temor es que estos cambios demoren tanto en implementarse que, cuando se comprenda que son indispensables, el protocolo central ya esté osificado.

Estamos en una fase de transición; necesitamos alcanzar un estado en el que el protocolo sea lo suficientemente bueno como para dejarlo intacto y direccionar toda la innovación a las capas más superficiales. Pero antes de que podamos hacerlo, hay algunas funciones básicas, especialmente en torno a la fungibilidad, la privacidad y el anonimato, que deben estar integradas en el protocolo central de Bitcoin, en sus cimientos.

Bitcoin no es anónimo. Peor aún, crea en muchas personas una falsa sensación de seguridad y anonimato. Si las direcciones bitcoin estuvieran asociadas a nuestro documento de identidad, me sentiría mejor, porque sería un reflejo de lo que ya tenemos hoy, entonces la gente comenzaría a pedir mayor seguridad y privacidad (algo que no hacen hoy en día muchos usuarios de Bitcoin porque piensan que el problema ya está resuelto).


Les puedo garantizar que se está llevando a cabo un análisis a gran escala de los datos que registra la cadena de bloques, con el objetivo de “marcar” cada moneda, cada transacción, y que se ha estado haciendo por años
. El objetivo de este trabajo es debilitar la capacidad de fungibilidad y anonimato que provee el protocolo antes de que llegue a ser de uso masivo. Necesitamos reforzar esos aspectos.


Esto es una carrera. Existe un adversario, como en todo problema de seguridad informática. Necesitamos despertar, darnos cuenta de que esto está ocurriendo, tomar medidas y tener una postura clara en cuanto a la dirección que queremos imprimirle a Bitcoin.

Soluciones como CoinJoin o ZeroCoin no son suficientes, ya que no garantizan la fungibilidad de los bitcoins (aún se puede hacer análisis de datos simplemente rastreando los valores). Este tipo de soluciones no funcionan a gran escala; lo hemos visto con PGP: los usuarios más sofisticados lo usan, pero la mayoría no. Lo que necesitamos es algo como el SSL, que la gente ni tenga que saber que lo está usando, no pueda apagarlo, no tenga alternativa: la gente simplemente ve un candado verde en la barra de direcciones; es parte de la experiencia cotidiana del usuario.

Necesitamos una fuerte dosis de privacidad, anonimato y fungibilidad en todas las transacciones – efectuadas desde cualquier monedero – , sin que el usuario común tenga que hacer algo, quiera hacerlo o sepa que el sistema lo está haciendo. Y cuando el usuario no esté activo, el monedero debería estar mezclando dinámicamente todos los outputs.

Para lograr eso, es necesario tomar una decisión: que la garantía de privacidad pase a ser una propiedad inherente a Bitcoin.

andreas Antonopoulos+bitcoin+español Por Andreas Antonopoulos para Let’s Talk Bitcoin

Escuchar a Andreas decir esto en el Episodio 72

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