¡Es el efecto de red, estúpido! (XIV)

contracorrienteVer parte 13

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Aclaración: el título de esta entrada hace referencia a la frase del estratega de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, James Carville, luego popularizada como «¡Es la economía, estúpido!«.

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No hay secreto mejor guardado que el poder de la masa crítica, esa cantidad mínima de almas inflexibles capaz de sostener el orden vigente. Su misterioso influjo es lo que hace a la pirámide impermeable al paso de los siglos, por lo que debe ser cultivada con el esmero prodigado a una planta de la cual se extrae la poción de la eterna juventud.

Así como el domador de leones mantiene a las fieras en la ignorancia de sus propias fuerzas, la pirámide mantiene en secreto las propiedades de la masa crítica, pues estas sirven igualmente a sus enemigos. Los magos del poder saben que el hechizo que protege de la erosión a la pirámide también es capaz de proteger a las fuerzas que amenazan con debilitar su imperio.

Y es que la masa crítica no distingue luz de oscuridad; simplemente anima las ideas y empuja a los hombres a experimentar sus consecuencias. Es un tesoro de valor incalculable –para dicha de unos y desdicha de otros–, que permite fundar y consolidar las instituciones humanas tanto dentro como fuera de la pirámide.

Afuera, sin embargo, la masa crítica no se alimenta de ilusiones –si lo hiciera, sería inmediatamente cooptada por la pirámide o barrida por los elementos–. Afuera, su poder, que es el poder encerrado en los estratos más profundos, emerge y queda expuesto a la luz del día cuando la superficie está lista para un cambio radical.

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