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Seamos solidarios; ¡prohibamos todo!

Por Leandro Fleischer

Los avances tecnológicos pueden ser útiles y en general nos hacen la vida más fácil, pero indudablemente perjudican a muchos trabajadores. Por esta razón, me uno a la lucha de los gremios de taxistas que proponen la prohibición de Uber en todo el mundo. No obstante, creo que esta lucha no termina aquí; debemos sincerarnos y llevarla hasta las últimas consecuencias. Para hacerlo correctamente no basta con solidarizarse con los taxistas; hay que solidarizarse con los trabajadores de todos los rubros que ven mermar sus ingresos o incluso han perdido sus puestos laborales.

the-dictatorAmigos taxistas:

Entiendo que les resulta cómodo ganarse la vida trasladando gente en automóvil, tanto como a mí usar sus servicios cuando los necesito, pero ¿acaso no piensan en la cantidad de trabajos que se perdieron cuando se dejaron de utilizar los caballos como medio principal de transporte? Los criadores, los vendedores y fabricantes de carruajes y sus repuestos, látigos, etc, etc, etc. Propongo entonces devolverles sus merecidas fuentes de empleo a aquellos honestos trabajadores, a quienes hemos desplazado anteponiendo nuestro egoísmo a su bienestar. Para ello, colegas, volvamos al caballo y abandonemos cualquier tipo de transporte motorizado.

¿Y a quién se le ha ocurrido colocar relojes taxímetros digitales, sin preocuparse en lo más mínimo por quienes dependían para su sustento de la industria de los relojes taxímetros a cuerda? No menos ingrato que él fue quienquiera que haya reemplazado los relojes de arena, que también podrían ser usados en los taxis hoy en día para solidarizarnos con quienes han visto sus ganancias afectadas negativamente por la inhumana codicia capitalista que nos envenena con sus avances tecnológicos.

Veo con tristeza a los taxistas usando sus modernos teléfonos móviles con todas las facilidades que estos ofrecen, como por ejemplo comunicación gratuita. Pero amigos, ¿qué estamos haciendo? ¿Acaso las operadoras telefónicas no merecían sus puestos de trabajo?… Quizás no, puesto que ellas también se aprovecharon de los avances tecnológicos de su época y les quitaron sus puestos a los nobles trabajadores de la industria del código morse. En honor a ellos, colegas, volvamos a comunicarnos con este sistema y arrojemos esos móviles a la basura, a donde pertenecen, por quitarle trabajo digno al pueblo. Para pregonar con el ejemplo, quisiera finalizar el párrafo con el siguiente mensaje que seguro compartirán conmigo: · · · —/· ·/· · · —/· —/· — — ·/·/· — ·/— — —/— ·

carruajeCuando subo a un taxi y el  conductor está escuchando música que proviene de esos complejos aparatos, me pregunto: ¿cómo es posible tanto egoísmo? Propongo, compañeros, volver a lo clásico; volver a los tiempos memorables de la industria discográfica para restituir el trabajo a aquellos que lo habían perdido. Es cierto que a cambio ustedes deberán hacer un pequeño sacrificio, pero los adictos a la música podrían llevar un tocadiscos en el carruaje. No sólo es lo justo, además brindarían un espectáculo muy pintoresco en cualquier ciudad.

¿Y qué es eso de que ahora se puede pagar con monedas digitales? He oído de una llamada Bitcoin que hasta es aceptada por algunos taxistas… ¿Pero acaso nos estamos olvidando de la industria detrás del dinero fiduciario? Imprentas, bancos centrales, cárteles bancarios, infinidad de empleados estatales… ¡Cuánta gente quedaría sin trabajo, por Dios! ¡Cuán insensibles nos hemos vuelto! Y ya que vamos a ir a fondo en esta cruzada, creo que deberíamos abandonar también el dinero estatal y retornar a aquella gloriosa época en que se utilizaba la sal como medio de intercambio, para devolverles sus puestos de trabajo a quienes los habían perdido injustamente (o al menos a sus descendientes).

¡Qué maravilloso sería volver a aquellos tiempos en los que nadie se veía amenazado por los avances tecnológicos!

Volvamos a retratar en lugar de fotografiar; abandonemos el cine, la televisión y todo dispositivo electrónico; renunciemos a la luz eléctrica y disfrutemos del romanticismo de las velas.

¡Retrocedamos compañeros! Retrocedamos para avanzar hacia una sociedad más justa.