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Las comunidades internacionales necesitan una moneda internacional

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Image by Jpatokal/wikimedia commons




Por Vitalik Buterin


Vía Bitcoin Magazine


Además de ser un método de pago superior, Bitcoin también ha venido a cumplir otra función: la de conectar a gente con ciertas afinidades. Al aceptar Bitcoin, lo que miles de comerciantes, empresarios y empleados están diciendo es: yo apoyo los ideales detrás de Bitcoin, incluyendo la internacionalidad, la descentralización, la libertad individual y el poder de la tecnología para hacer del mundo un lugar mejor, y quiero interactuar con otras personas que compartan estos valores.

Cuando dos usuarios de Bitcoin se encuentran en una reunión, o en línea, cada uno sabe inmediatamente que el otro comparte un historial y una serie de conocimientos básicos similares, que ha pasado por las mismas experiencias – viendo los fluctuantes mercados alzarse y caer – y que comparte, en un nivel profundo, una visión del mundo fundamentalmente similar, incluso cuando ciertos desacuerdos superficiales pueden, a veces, ocultar este hecho. En resumen, la economía Bitcoin se ajusta perfectamente a la definición misma de una comunidad. La diferencia es que la comunidad en cuestión no es una comunidad de circunstancias, sino una comunidad intencional, voluntaria, de ideales, en la cual cualquiera puede participar.

La idea de una comunidad de negocios de ese tipo, internacional y auto organizada, no es nueva. Pensadores como Kevin Carson, David de Ugarte y Doug Casey se han visto seducidos por este concepto, e incluso le han dado un nombre: filia. Una filia es, esencialmente, una comunidad transnacional que, como dice Doug Casey, “se autodefine por los valores que comparten sus miembros.” Una filia no tiene base en un país, aunque puede tener bases en todos los países, a las que sus miembros pueden ir en busca de ayuda. Las filias pueden ser más o menos formales; tanto una comunidad cuyos miembros ni siquiera se dan cuenta de su existencia como una estructura institucional plenamente desarrollada pueden calificar como filias.

Las posibilidades que las filias traen consigo son ilimitadas: algunos las ven como el futuro del desarrollo cultural, y muchos de sus defensores más radicales piensan que llegarán a ser el tipo de organización económica dominante, trascendiendo en importancia tanto a las corporaciones tradicionales como a los gobiernos.

La relación de Bitcoin con el concepto de filia es compleja. No solo es Bitcoin, como comunidad, una filia, sino que además, como moneda, posee todos los atributos de un medio de intercambio ideal para ser utilizado por cualquier filia. Bitcoin no discrimina en función de ideología, raza, sexo o religión; funciona igualmente bien en cualquier país, así como entre países, y no se apoya en ninguna institución existente. También está demostrando ser una herramienta particularmente útil para hacer donaciones monetarias – un hecho sorprendente, dada la cantidad de economistas convencidos de que la deflación solo promueve el acaparamiento de moneda.

Otra propiedad que tienen las filias es la ínter-operabilidad. A diferencia de las naciones, que a menudo luchan como grupos insulares protegiendo a los suyos incluso a costa de los extranjeros, las filias están intrínsecamente diseñadas para interactuar. Uno puede ser miembro de varias filias al mismo tiempo, y las filias a menudo encontrarán mutuamente beneficioso el poner sus recursos a disposición de proyectos comunes. Esta es, nuevamente, una función que Bitcoin puede cumplir a la perfección.

En las conferencias, ya hemos visto a la comunidad Bitcoin integrándose con otras comunidades, como ser el Proyecto Estado Libre (Free State Project), la comunidad por las libertades civiles, los desarrolladores de software libre, entre otras. Muchas de estas organizaciones han sido beneficiadas con donaciones en bitcoins que suman miles o decenas de miles de dólares, y continúan recibiendo donaciones semana tras semana.

Pero esto es solo el comienzo. Algunas organizaciones ya han dado el salto y se han reformado para operar exclusivamente con Bitcoin, y muchas más seguirán sus pasos, a medida que la infraestructura tecnológica y el efecto de red continúe desplegándose.

Las comunidades transnacionales y las monedas transnacionales basadas en internet son, parafraseando a Edan Yago, dos ideas que se refuerzan mutuamente, cuyo momento ha llegado. Todo lo que resta es implementarlas.

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