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Los tiburones están al acecho

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Fuente: Bitcoinism

Por Justus Ranvier


Unas pocas horas después de la caída de Mt.Gox, los reguladores y sus aliados ya salivaban ante la oportunidad de darse un festín con el cadáver.

“Yo me manifesté en contra de una regulación específica para Bitcoin en las audiencias de Lawsky el mes pasado, pero ahora creo que algún tipo de regulación que cubra la seguridad de los fondos de los clientes puede tener sentido si vamos a tener una BitLicencia.”

Eso es: todo lo que tenemos que hacer es tomarnos de las manos, cerrar los ojos y creer, y los reguladores vendrán a salvarnos. Los reguladores que ignoraron durante años las múltiples advertencias sobre Bernie Madoff. Los reguladores que estaban demasiado ocupados viendo porno como para dedicarse a su supuesto trabajo. Los mismos que hicieron la vista gorda mientras Wachovia blanqueba dinero del narcotráfico para los cárteles, y cuando esto se dio a conocer simularon una leve reprimenda.

Para creer que la regulación estatal te mantendrá seguro, tienes que creer que un grupo de personas que no tienen que rendir cuentas a nadie, y sin ningún interés personal en la protección de tus bitcoins, de pronto empezarán a hacer el trabajo en el que han fracasado constantemente durante décadas.

Cualquiera que diga creer eso es un mentiroso o bien un tonto.

Sabemos que el propósito de las regulaciones no es proteger a los clientes, porque cada vez hay más regulaciones y los clientes no están protegidos. Entonces, ¿cuál es el propósito de las regulaciones? Los reguladores aspiran a extender y aumentar su poder.

El propósito es formar una pequeña aristocracia financiera autodesignada, cuyos miembros se proclaman guardianes exclusivos de la industria. El propósito es asfixiar a una nueva industria bajo el peso de la burocracia. El propósito es erigirse en encargados de hacen cumplir las reglas, con el fin de lucrar otorgando excepciones.

El propósito NO es – de ninguna manera – protegerte de algo.

Bitcoin existe y crece como desafío a las regulaciones impuestas por la fuerza. La gente adopta Bitcoin precisamente porque su funcionamiento se rige por la criptografía y no por los reguladores. Cada nueva cartera que se abre es un voto de desconfianza en los reguladores.

¿Deberían las plataformas de intercambio mejorar su contabilidad y contar con algún mecanismo para limitar su propia capacidad para estafar a sus clientes? Por supuesto, pero no necesitamos a los reguladores para eso. Como sucede en el caso de Bitcoin, las respuestas se encuentran en el buen software y la criptografía.

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