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El escándalo de MyCoin en Hong Kong – una lección más

No hay nada –repito: ¡nada!– que se pueda hacer para evitar que un tonto le entregue su dinero a un desconocido porque este le ha prometido –sin explicar cómo, sin explicar por qué– multiplicar su riqueza en un santiamén. Irónicamente, lo mejor que le puede ocurrir a la víctima de un estafador tan poco sofisticado es perder su dinero –cuanto antes mejor–, aprender la lección y seguir adelante.

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Así es la vida; las malas decisiones tienen un costo, y el que no esté dispuesto a pagarlo se perjudicará dos veces. Lo que dice el evangelio del acolchado “Estado de Bienestar”, sin embargo, es justamente lo contrario: se nos dice que hay que proteger a los inversores de sus propios errores; en otras palabras, que los inversores deben ser tratados como retrasados mentales (y no es de extrañar que bajo semejante influjo acaben comportándose como tales). Todo lo que se nos pide es que confiemos en la infinita bondad de un ser omnisciente y omnipotente que de alguna manera emerge de la suma de todos los burócratas, para que –no se sabe bien cómo, no se sabe bien por qué– este prevenga las estafas.

¿Pero quién es más ingenuo: el pobre infeliz que cree en la excepcional generosidad de un desconocido que acaba de cruzarse en su camino, o el que cree en una especie de súper Santa Claus armado hasta los dientes que lo protegerá de los estafadores?


Fuente: qz.com

En junio pasado, dos docenas de inversores de China continental viajaron a Hong Kong para una gira especial sobre Bitcoin patrocinada por MyCoin, la nueva empresa de Hong Kong que acaba de cerrar inesperadamente llevándose con sigo un estimado de 390 millones dólares [Nota: hoy se supo que las pérdidas reales rondarían los 8 millones de dólares, y que las cifras inicialmente reportadas estaban basadas en estimaciones que los propios estafadores de MyCoin habían publicado]. La gira consistió de un recorrido en autobús por Hong Kong, con paradas en la sede de Mycoin en Kowloon, en los nuevos “cajeros automáticos Bitcoin” de la ciudad que han surgido en el último año, y en las tiendas de la ciudad que aceptan la criptomoneda.

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Siete meses más tarde, la oficina del Mycoin está vacía, el director parece haber transferido los activos de la empresa a una cuenta en las Islas Vírgenes Británicas antes de partir, y un número creciente de personas afirman que a pesar de haberse publicitado como un centro neurálgico para la moneda digital, Mycoin en realidad no tenía ningún bitcoin.

“MyCoin nunca fue realmente un exchange de Bitcoin”, dijo Leo Weese, el presidente de la Asociación de Bitcoin de Hong Kong, que cuenta con unos 50 miembros y ha organizado ya cientos de reuniones locales. “Nunca fue posible comerciar bitcoins en su sitio y probablemente la compañía nunca funcionó como tal”. En otras palabras, parece que todo era una estafa, probablemente un elaborado esquema Ponzi.

Fuera lo que fuera, cientos de inversionistas que pensaban que estaban comprando bitcoins han perdido enormes cantidades de dinero, y nadie en la industria Bitcoin de Hong Kong, o de cualquier otro lugar del mundo, pensó en alertar a los inversores sobre lo que parecía ser una estafa. Una veintena de quejas de clientes de MyCoin basados en Hong Kong fueron presentadas a la policía local el día de ayer.

Nadie sabe a quién pueden acudir los inversores de China continental. Allí las autoridades se esmeran por desalentar el uso del Bitcoin, y ya prohibieron a las instituciones financieras tratar con dicho activo el año pasado. Los Inversionistas de China continental tienen prohibido mover más de USD 50.000 al año fuera del país, muy por debajo de lo que MyCoin dice haber recibido del inversor promedio.

Además del viaje en autobús, MyCoin trasladó en avión a cientos de inversionistas potenciales a Pattaya, Tailandia, el año pasado, donde se llevó a cabo una lujosa fiesta con DJs junto a una piscina, chicas bailando ligeras de ropa, chicos con camisetas polo de Mycoin, y fuegos artificiales. Todo fue filmado y subido a su sitio web.

Ver texto original, en inglés

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