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Culturas Bitcoin: el pirata de hojalata

Por moraluniversal.com

“El placer de ser rebaño es más antiguo que el placer de ser un yo: y mientras la buena conciencia se llame rebaño, sólo la mala conciencia dice: yo.” – F. Nietzsche

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El pirata de hojalata es como una versión vengativa del hombre de hojalata en el Mago de Oz: le falta el corazón y, desde la apariencia de su armazón, afecta la empatía y la emoción que la sociedad demanda de él con sus falsas morales. Este no se deja engañar por magos, en cambio, sino que se guía por su propio genio en otra búsqueda perdida de ideales perdidos: “instaurar la anarquía” le dicen algunos. Mucho libertario hay de esta calaña. Un día lees a Mises y descubres que te han estado mintiendo sobre la economía, e ipso facto te lanzas a la batalla blandiendo tu espada austríaca: ¿una venganza justa, o la menos triste de las derrotas?

Muy tentador es usar la razón como espada, y muchas veces la he usado, ¿pero acaso no es contradictorio? Ciertamente. Y al final se acaba uno haciendo sangre usando la herramienta que no es. ¿Eran héroes los piratas, o locos de mar? ¿Buscaban ganar la guerra de los valores, o la riqueza fácil? ¿Mataban y arriesgaban su vida por el “bien”, o por puro gusto? Poco tienen en común los piratas del pasado con estos nuevos piratas de ordenador: ¿“Ross Ulbricht icono libertario” o “Ross Ulbricht estúpido necio inconsciente”?

Nunca me impresionaron quienes hacían crítica de los límites de velocidad haciendo carreras; me parecían gamberros baratos y llorones detrás de su sonrisa sarcástica; seres infinitamente dependientes de las mismas personas que eran injustas con ellos, y me daban miedo – muchos se mataron. El señor Ron Paul descubre la fórmula de la economía y, ¡he aquí un caballero reformado reformando Estados, a distancia también, y tomando la lanza por la punta! La misma fórmula descubre el niño Ross y ahí lo tienes corriendo las carreras de los mercados libres. Dar a la gente con Silk Road una experiencia “de lo que sería vivir en un mundo sin el uso sistémico de la fuerza”… ¿en serio? ¿Desde cuándo la drogadicción y la necesidad de estricto anonimato no son un efecto del uso sistémico de la fuerza? ¿Desde cuándo no existen las experiencias de mercados libres en la sociedad y la naturaleza? Yo diría que desde que Ross Ulbricht asumió el yugo moral de sus padres y se dedicó a proyectar esa esclavitud en la realidad – típicamente alrededor de los quince.

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Por su apariencia heroica este arquetipo es muy admirado, especialmente por pensadores con coraje como Daniel Krawisz. Que Daniel contradiga su propia tesis – defendida hasta la saciedad – acerca de la preeminencia de Bitcoin como reserva de valor, para poner a Ulbricht en un pedestal, da fe de cómo las sombras de la cultura siguen asolando nuestra querida comunidad de iluminados:

“Dread Pirate Roberts cambió el mundo de dos maneras distintas. Comunicó la idea del modelo de negocio Silk Road, y produjo la primera fuente sostenible de beneficios Bitcoin. Cuando Silk Road comenzó a operar, Bitcoin no podía competir con las tarjetas de crédito y la banca tradicional porque los servicios Bitcoin estaban muy esparcidos. Era justo donde estos servicios estaban excluidos – en el mercado negro – que Bitcoin podía ser más útil.” – Daniel Krawisz, ‘The Legacy of the Dread Pirate Roberts’

Sabemos, precisamente gracias a los artículos de Daniel, que Bitcoin se impondrá en virtud de su utilidad como moneda que la gente quiere guardar, no gastar: la prioridad es que exista demanda de la moneda. Cierto que la clandestinidad del mercado negro genera demanda, pero este es el tipo de demanda de negocios a los que no les queda más remedio, es decir, de negocios que en último término quieren deshacerse de sus bitcoins y que, por tanto, generan presión de venta en el mercado monetario. En efecto, la ventaja competitiva de Bitcoin en Silk Road, respecto de las tarjetas de crédito y la banca, es una ventaja como medio de pago. Esta es la ventaja a la que se refiere Daniel aquí tan ideológicamente, en un argumento típico de un “emprendedor” no ya cualquiera, sino de un fuera de serie; un emprendedor Bitcoin que no sólo vende una nueva forma de pago, sino una que podría meterte en la cárcel.

Cada cual con sus aventuras.