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Capitulación

capitulacionAunque el análisis técnico está lejos de ser una disciplina científica, siempre me ha fascinado esa búsqueda de aquellos signos que pueden delatar cambios en el humor colectivo. Es interesante presenciar las conversaciones que tienen entre sí los analistas técnicos: ellos ven todo el drama que viven los inversores como si asistieran a una obra de teatro en calidad de críticos. Entre los analistas técnicos, las emociones se observan –o al menos de eso se jactan ellos– más de lo que se experimentan; se reducen a piezas de información interpretada a la luz de unas conjeturas frágiles, provisorias, que son creadas y descartadas con poca ceremonia. Aunque miren gráficos, ellos son psicólogos de masas, y si bien los diagnósticos que esbozan a menudo resultan equivocados, es injusto comparar sus hipótesis –por endebles y efímeras que sean– con los augurios de un chamán o con las promesas de un charlatán.

El analista técnico se esfuerza por evitar la perniciosa influencia del humor colectivo, al que estudia con cuidado para obtener el máximo provecho de sus implacables movimientos –como si se tratara de una fuerza más de la naturaleza–. Pero el buen analista técnico es aquel que ha estudiado su activo (en el caso de Bitcoin, sus ventajas, su adopción, su potencial, etc.) antes de sumergirse en los charts, y es en realidad ese análisis fundamental previo lo que impide que su estrategia sea barrida por la salvaje corriente del humor colectivo. Si él no creyera que hay un piso por debajo del cual aparecerá el “dinero inteligente”, jamás apostaría por un cambio de tendencia, y no podría resistir la tentación de unirse al pánico vendedor.

jaquemateDado que psicológicamente las pérdidas son el doble de intensas que las ganancias, el pánico vendedor tiende a ser más difícil de resistir que el pánico comprador; por eso el analista técnico atiende con especial interés a todo indicio que pueda sugerir una capitulación masiva de los inversores más ingenuos. Estos episodios de histeria colectiva esconden raras oportunidades.

Y bien, ¿cómo luce una capitulación? La triada de mal humor generalizado, caída brusca de la cotización y marcado aumento del volumen operado es –en ausencia de compromiso fatal de los fundamentos– un signo de capitulación. ¿Pero podemos estar seguros? No: no se puede afirmar a ciencia cierta que una capitulación masiva de manos débiles no desencadenará una nueva capitulación en cotizaciones aún más bajas. ¿Qué hacer entonces? He aquí el dilema que enfrentaron los early adopters en 2011 y en 2013, y que ahora enfrenta una nueva ola de early adopters.

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