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Buena moneda o mala moneda: una cuestión de vida o muerte

Hoy tengo el placer de compartir con ustedes una de las gemas que Justus Ranvier acostumbra ir soltando aquí y allá –como si no le importara haber acertado en la disposición de las palabras de forma tal que no es posible decir más en menos espacio–. Justus no solo entiende los aspectos técnicos de Bitcoin en profundidad; él es uno de esos raros ejemplares que también entiende la naturaleza de la institución moneda –su indispensable rol en el establecimiento de un orden extenso, amén de los poderosos incentivos que la convierten en la institución antifrágil por excelencia–. Y precisamente porque lo entiende es que llama a no dormirse en los laureles –a reconocer los desafíos que Bitcoin enfrenta como aspirante a buena moneda en un mundo adicto a las quimeras del dinero fiat–. Justus nos recuerda que la diferencia entre mala moneda (moneda estatal de curso forzoso) y buena moneda (moneda descentralizada de uso voluntario) es mucho más honda de lo que el programa “educativo” estatal enseña.


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La diferencia entre una economía basada en la creación arbitraria de moneda y otra basada en una buena moneda no es meramente una cuestión académica –es un asunto de vida o muerte–.

Una economía en la cual se crea dinero arbitrariamente es un entorno que favorece las estrategias de supervivencia parasitarias, basadas en transacciones económicas de suma cero (unos ganan lo que otros pierden).

Una economía sin creación arbitraria de nueva moneda es un entorno que favorece las estrategias de supervivencia productivas, basadas en transacciones económicas que benefician a todas la partes involucradas.

Si creamos una economía sobre la base de una buena moneda, la población productiva va a prosperar como nunca antes, pero los parásitos van a tener que enfrentar la muerte metafórica (y, a veces, literal). Cuando los banqueros, los políticos y los economistas tradicionales hablan de cómo la economía se derrumbará si el proceso de inflación crediticia se detiene, están 100% en lo correcto —su economía colapsará y será una catástrofe para ellos.

No es prudente subestimar las capacidades de los individuos que siguen la estrategia económica parasitaria –ellos son tan hábiles a la hora de engañar y explotar al prójimo como lo son las personas que siguen la estrategia productiva a la hora de crear valor económico–.

Sólo vamos a conseguir una economía de buena moneda si los productivos están comprometidos con la eliminación del modo de vida parasitario –al menos tan comprometidos como los parásitos lo están con su preservación–.

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