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Bitcoin y el síndrome de Gollum

Por Eduardo Martínez Narváez

Cada vez que nos toca adquirir algún bien o servicio factible de ser pagado con Bitcoin, los usuarios de esta criptomoneda nos enfrentamos a un angustioso dilema: ¿utilizamos los bitcoins que poseemos para esa compra?, ¿o escogemos para ello un medio de pago de los habituales, como pueden ser los billetes de curso legal o las tarjetas bancarias?

Esta última opción es a veces tentadora, ya que nos permite mantener nuestras preciadas monedas digitales inmóviles y estáticas en nuestras billeteras. Hoy vamos a intentar aportar datos para ver si entre todos logramos eliminar esa falsa disyuntiva.

Supongamos que después de haber disfrutado de una buena cena, en el momento en que el camarero nos trae la cuenta, la cual asciende a 100 euros, nos percatamos de que en ese restaurante aceptan pagos con Bitcoin.

Digamos que en nuestro monedero virtual del teléfono móvil tenemos un saldo de 1 bitcoin, y que la cotización en ese momento es de 100 EUR/BTC, cantidad en Euros que coincide por tanto con lo que debemos pagar.

Inmediatamente nos surgirá el temido interrogante: ¿Utilizo bitcoins para pagar? ¿Y si después de pagar sube el precio del bitcoin? ¿Y si en cambio se produce una corrección en las próximas horas, y de 100 EUR/BTC pasa a valer 50 EUR/BTC, con lo cual  la cena me saldría a mitad de precio? Las recurrentes preguntas que a todos nos han surgido alguna vez. Detengámonos en algunas consideraciones sobre ello:

Muchos de los que poseemos bitcoins tenemos confianza en la función de esta moneda como reserva de valor; en otras palabras: presumimos que el poder adquisitivo futuro del bitcoin irá en aumento, o como mínimo se mantendrá, con lo cual esa misma cena la podremos pagar (en euros), dentro de un año, con la misma cantidad de bitcoins que ahora o incluso menos.

Otro de los motivos por los que solemos operar con bitcoins es la facilidad con la que podemos adquirirlos, de forma inmediata, casi instantánea, necesitando para ello sólo una conexión a Internet y un dispositivo con el software adecuado (teléfono móvil, tablet, laptop, etc.), o incluso ni siquiera eso si contáramos con un cajero automático expendedor de bitcoins a nuestro alcance.

Entonces, teniendo en cuenta lo anterior, no habría razones para dudar entre pagar la cuenta con bitcoins o con dinero fiat en cualquiera de sus modalidades, puesto que:

1.- Nada nos impediría recuperar de inmediato, incluso antes de levantarnos de la mesa, esos bitcoins empleados en pagar la cena, utilizando para adquirirlos el equivalente en dinero fiat. Sería una simple reposición de fondos que nos tomaría apenas unos minutos.

2.-  Aunque hubiésemos de emplear una cantidad mayor a los 100 euros de la cena, debido a comisiones, diferencias de cotización, etc., esa suma sería insignificante, ya que equivaldría a la ganancia/pérdida ocurrida en pocos minutos. Además, esa cantidad (en caso de ocurrir pérdidas o gastos de trading) la recuperaríamos con relativa rapidez, debido al aumento que prevemos en el poder adquisitivo del bitcoin.

3.- Ese comerciante, al ver que la implantación de pagos con Bitcoin le representa nuevos clientes, comisiones mucho más bajas y nulo riesgo de reversión de pagos, seguramente será más proclive a ofrecer descuentos o promociones para quienes usen la criptomoneda, configurándose un círculo virtuoso para beneficio del ecosistema Bitcoin.

Por lo tanto, aunque estemos constantemente tentados a actuar con nuestros bitcoins como Gollum, el personaje de la Tierra Media en El Señor de los Anillos obsesionado con su preciado anillo, un simple ejercicio de razonamiento nos indica que debemos hacer justo lo contrario: pagar con bitcoins cada vez que tengamos la oportunidad de hacerlo, para así retroalimentar el sistema monetario creado por Satoshi Nakamoto.

Gastar nuestros bitcoins de todas las maneras y en todos los lugares posibles, aunque sea para volver a adquirirlos pocos minutos después, es la mejor manera de lograr, entre todos, que el bitcoin siga desarrollando las tres funciones que se le suponen a una moneda: reserva de valor, medio de pago y unidad de cuenta.

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