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Sin un lugar al que escapar; sin un lugar donde prosperar

Facebook no es tu amigo.

Es un motor de vigilancia masiva.”

Richard Stallman

Fuente: Free Man’s Perspective  Por Paul Rosenberg

conrad-schumannEn física, es una perogrullada que los sistemas cerrados tienden a la entropía. En otras palabras, construir muros alrededor de un proceso lo hará degradarse más rápido de lo que por sí mismo se degradaría. Y este principio se puede aplicar ciertamente más allá de la física.

Un académico llamado John B. Calhoun documentó estupendamente este efecto sobre poblaciones de ratas. Le dio a sus animales todo lo que ellos pudieran necesitar, pero restringiéndolos a un espacio limitado. Dentro del sistema cerrado, algunos machos se volvieron agresivos, otros se aislaron psicológicamente, las madres dejaron de llevar comida a sus crías, y finalmente la población acabó diezmada, aunque había abundancia de comida.

Los humanos no son ratas, por supuesto; nosotros somos seres pensantes y conscientes. Sujetos a sistemas completamente cerrados, nos hundiríamos mentalmente mucho antes de que nos matásemos de hambre.

Los experimentos con humanos

La analogía humana del experimento con ratas no tendría que ver con la limitación del espacio físico, sino con la limitación del espacio mental. Y eso es lo que estamos consiguiendo con la vigilancia masiva. En otras palabras:

La vigilancia aprisiona nuestras mentes en un sistema cerrado.

Sabemos que estamos siendo observados. Cada vez que miramos a ver quién puede estar escuchándonos, cada vez que evitamos expresarnos libremente (hablando, escribiendo, de cualquier forma), cada vez que bajamos la voz para que los represores no puedan escuchar, somos conscientes del hecho de vivir en un sistema cerrado. El miedo a la vergüenza o al castigo son los muros que nos encierran.

Y tenemos pruebas empíricas de los efectos de los sistemas cerrados. En un texto titulado “El Legado de la Vigilancia”, Marcus Jacob y Marcel Tyrell escribieron lo siguiente sobre la vigilancia en la Alemania del Este:

Nuestra pruebas empíricas sugieren que un aumento de una desviación estándar en la densidad de informadores de la Stasi (policía secreta) se asociaba con un descenso del 10% en la participación en organizaciones y una reducción del 50% en el número de órganos que eran donados  en los distritos de la Alemania del Este.

Además encontramos que había una sólida evidencia de que esa intensidad en la vigilancia tenía un efecto negativo en el desempeño económico, y que podía explicar hasta un 7% del diferencial existente entre las dos Alemanias y hasta un 26% de la tasa de paro.

Así que la vigilancia en la Alemania del Este produjo resultados significativos, medibles y fuertemente negativos.

Jacob and Tyrell concluyen:

Hemos encontrado que un régimen en el que los informadores de la seguridad del estado tienen sus tentáculos en cada aspecto de la vida de las personas ha acabado por provocar una persistente e intensa sensación de desconfianza entre los miembros de la sociedad una vez que se sale del inmediato círculo familiar. Asimismo, encontramos claras pruebas de que la vigilancia tenía un importante efecto negativo en el desarrollo y actividad económica en dichas regiones.

Así pues, si creemos que la vigilancia moderna –en muchos aspectos mucho más penetrante que la que existía en la Alemania del Este– no tendrá efectos negativos, es que nos estamos engañando a nosotros mismos.

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Los sistemas mentales cerrados –como los que hoy buscan establecerse mediante la vigilancia más intensa que ha existido jamás sobre este planeta– representan una guerra contra nuestras mentes, contra nuestro albedrío. Dejan a la gente incapaz de tomar autónomamente decisiones éticas. Los individuos se vuelven desinteresados; esto significa que no tienen un ego sólido que pueda tomar la decisión y ejecutarla con voluntad y esfuerzo… que pueda luchar, arriesgarse, defenderse y crecer.

Como escribió Hannah Arendt en “Los Orígenes del Totalitarismo”: el factor más inquietante en el éxito del totalitarismo es la total ausencia de ego de sus partidarios.

Cuando el estado se apodera de la sociedad

Uno de los principales efectos de la vigilancia masiva es la supresión del juicio individual. No nos atrevemos a actuar en base a los dictados de nuestra propia mente, porque la autoridad podría verlo y no aprobarlo. Y así acabamos por volvernos menos conscientes, menos vivos.

Las grandes estructuras centrales, como los estados vigilantes, acaban con la iniciativa, la adaptación y la auto-referencia de los individuos, forzándoles a permanecer dentro de una estructura fija.

El asunto crucial es éste:

Cuando la regulación surge del propio individuo, florecen interacciones complejas y beneficiosas.

Cuando la regulación viene de fuera del individuo, las virtudes personales fallan.

Cuando los individuos no pueden confiar en ellos mismos, sus patrones de pensamiento cambian. En lugar de basarse en sus propias precepciones, su propio conocimiento y su propio análisis, se someten al juicio de una voz externa. Y en el proceso se pierden a sí mismos.

El producto inevitable de esto son personas despojadas de su individualidad, y estructuras no adaptativas.

Próximamente en un Sistema Cerrado cerca de usted…

No tener un lugar al que escapar ha significado siempre la muerte para los mejores elementos de la naturaleza humana, y esto sigue siendo cierto hoy día.

Con el tiempo, la vigilancia masiva provocará una caída en la motivación y la producción, así como una disminución de la felicidad humana. Somos criaturas pensantes, y si se nos impide actuar de acuerdo con nuestra naturaleza no podemos prosperar. Y una vez que se alcance ese punto, no habrá nadie capaz de revertir el asunto. No pudieron en la Alemania del Este, como no han podido en Corea del Norte.

La vigilancia masiva es una guerra contra lo mejor de nosotros mismos. Ya está mostrando sus detestables frutos, pero lo peor está por llegar.

Afianza tu voluntad. Ahora.

Leer texto original, en inglés

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