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Redes en malla + Bitcoin: comunicación a prueba de balas

Hace unos días recibí por correo el libro de Luis Iván Cuende, y me venía con dedicatoria. Era un poco más larga y pensada que las dedicatorias tipo “Para Pepito por ser tan buena persona” y esas cosas que se suelen poner cuando no se sabe qué coño poner en dicho trance. En la dedicatoria una de las frases me sorprendió, viniendo de un chaval tan joven, a pesar de haberle hecho la entrevista y tener una idea clara -un poco más que antes- de cómo pensaba.

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Luis Iván Cuende

La frase decía: “El dinero se ha vuelto una forma de comprar libertad, un bien cada día más escaso”.

Como le comenté a Cuende, la frase primero me molestó, me desagradó. Luego pensando un poco la tuve que dar por cierta, y ahora -para desmentirla parcialmente- voy a recurrir a Friedman cuando expuso algo sobre el capitalismo que muchos suelen olvidar. Friedman no dijo -como a menudo se cree- que el capitalismo es libertad; en realidad Friedman dijo: “El capitalismo no implica la libertad, pero sin capitalismo no existe la libertad: puede existir capitalismo sin libertad, pero no libertad sin capitalismo” (entendiendo “capitalismo” como “libre mercado”).

Algo así es lo que me sugiere la frase de Cuende: el dinero no nos da la libertad, pero sin dinero es difícil ejercer la libertad. Y tiene parte de razón: el dinero es una forma de adquirir recursos que te permiten hacer uso efectivo de tu libertad. También es una de las pruebas de que un proyecto es necesario o interesante para un target o público: se establece un flujo de dinero -tiempo y recursos- que lo hace viable, o por el contrario muere demostrando que no era su momento, o que no era tan buena idea como podía parecerle a sus creadores.

Meshnets (redes en malla). Llegamos al asunto.

Cuando me preguntaron sobre ellas, la pregunta implicaba más bien si podía ser interesante descargar alguna aplicación para usarlas. ¿Pero qué? La aplicación más conocida que a día de hoy se puede descargar sobre meshnets (o para meshnets) parece ser el Firechat, protagonista de la noticia que había puesto a las meshnets en el ojo público: las revueltas y protestas en Hong-Kong (la primavera árabe exportada a Asia como dicen los árabes), que gracias a este software tuvo algo que otras revueltas no tuvieron:  una comunicación a prueba de bombas.

Todos sabemos qué pasó tras las revueltas de Londres -cuya comunicación se gestó en redes sociales y aplicaciones de comunicación vía móvil e internet- o lo que ocurre en otros países menos civilizados cuando pillan a alguien que “ha dicho algo que no debía” en las redes sociales o en un medio controlado. Hace unos días mataban a una mujer en México tras descubrir que era una tuitera que reportaba actos criminales de los narcos en dicho país. Después, colgaron las fotos en su propia cuenta de Twitter.

¿Cómo es eso de una comunicación a prueba de bombas? Meshnets.

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Hong Kong: mesh network en acción

Volvemos a empezar: ¿qué es una meshnet? Una meshnet es una red independiente de internet, una red de datos que no viajan por internet. Meshnet es descentralización absoluta.

A lo mejor a algunos esas dos ideas a la vez les parecen una contradicción, pero seguro que si atienden a lo que es una intranet (como las de los organismos públicos) sin salida a internet, les puede servir de ejemplo. O seguramente los que sean un poco más jóvenes o más “gamers” saben lo que es montar un servidor de juegos en casa, para jugar en red local (LAN) un grupo de amigos: un ordenador ejecuta la aplicación del juego y los demás ordenadores se conectan al mismo como clientes, sin salir a internet ni necesitarlo (no hace falta un router, basta con usar un hub para asignar manualmente IPs).

Tranquilo si te ha parecido complicado por los términos usados, pero eran el ejemplo. Las meshnets que nos ocupan funcionan -en principio- partiendo de los simples teléfonos móviles que ya todos tenemos en el mundo occidental. Un teléfono móvil adecuadamente configurado y con un programa que sepa hablar con otros ordenadores dentro de una red meshnet con los protocolos adecuados es todo lo que hace falta. Un teléfono móvil y una aplicación.

Una meshnet es una red en la que todos procuran estar conectados en malla (con el máximo posible de dispositivos) para que la caída de una parte de la misma no afecte -necesariamente- a todos sus usuarios y pueda seguir funcionando. De esta forma, con una herramienta a la que tenemos acceso la mayoría, y que incluso los profanos en informática tienen en el bolsillo, es posible crear redes aprovechando las características técnicas de nuestros dispositivos. Nuestros teléfonos móviles son antenas y servidores Wi-Fi (la mayoría sabe configurar un teléfono para dar conexión a un ordenador -u otro dispositivo- que no tiene, o conexión “ad hoc” como se la conoce) que normalmente usamos en la red común, pero que pueden crear redes comunicándose simplemente con/a través de quien tienen al lado o más cerca sin que ni tu compañía telefónica ni nadie -en o a través de internet- pueda espiarte.

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Tus mensajes viajan dentro de una red formada por aquellos que estén físicamente cerca de un punto conectado a la misma. Aquí lo físico cobra una especial importancia, porque aunque las meshnets existen -algunas famosas y de larga vida ya- sobre dispositivos fijos, el paradigma que ahora se inaugura es el que los dispositivos móviles hace posible, también con los problemas que eso genera (el hecho de que sea móvil indica que puede moverse y no estar donde estaba). Los aparatos con mayor cobertura funcional suelen rondar los 250 metros para captar y emitir señal (hablando de antenas Wi-Fi) y la de los móviles, portátiles y antenas Wi-Fi comunes es mucho menor.

Lo de a prueba de bombas es porque ningún organismo, medio, autoridad o institución puede hacer que una meshnet deje de funcionar. No puedes apagar una meshnet. Puedes apagar internet por el móvil para una zona determinada, como hacen ya varios países hace tiempo, y provocar un blackout en un grupo de usuarios al dejarles sin comunicación, pero no puedes tocar una meshnet inhabilitándola desde un sillón. Y eso cobra especial importancia en este mundo, donde multitudes de personas se juntan frecuentemente -no me hace falta salir de España para dar ejemplos y hay en todos los lados- en las calles y se las maneja como a ganado, con técnicas de kettling, armas sónicas, cañones de agua, palizas, torturas y secuestros, o directamente a balazos. Pero sobre todo, cortándoles sus comunicaciones por telefonía e internet al más puro estilo militar.

¿Podría alguien dentro de una meshnet espiar o hackear? Sí, claro. ¿Podrían sacar datos para desencriptar y usarlos contra la gente? Sí, si están dentro de la meshnet. ¿Podrían bloquear la meshnet? Sólo si bloquean todas las frecuencias que puedan usar esos dispositivos -que, recordemos, eran móviles y condicionados a estar bastante cerca (con lo que para evitar el bloqueo bastaría con buscar otro punto sin interferencias provocadas, incluso dentro de una gran multitud)-.

Eso son -sin entrar en detalles técnicos, que pueden ser abordados en otro momento- las meshnets.

Aunque este texto comenzó hablando del dinero y su relación con la libertad.

Las meshnets pueden tener una aplicación obvia tejiendo redes ocasionales entre grupos de confianza, o entre grupos unidos para un propósito común o con intereses comunes. La gestión fuera de internet, donde nuestro tráfico es monitorizado y almacenado ya de forma rutinaria, es un motivo para hablar de libertad, ya que no dependemos de tener conexión a un ISP o de una aplicación que nos conecta a un servidor, sino de las capacidades de nuestros propios dispositivos que se conectan entre ellos.

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Nos vamos acercando a la intersección entre las redes en malla y el dinero, y en concreto Bitcoin, o lo que el texto que sirvió de semilla a éste llama la revolución criptográfica.

Las meshnets no sólo son una salida ingeniosa a un problema puntual. Son también una respuesta a la constante perdida de derechos y libertades en internet. Son, en cierta manera, una posibilidad de que la gente construya su propio internet.

Casi todos tenemos móvil hoy día (con Wi-Fi) y también casi todos tenemos otros dispositivos que pueden servir en una red, como los portátiles o los desktop con una antena inalámbrica, y que podrían ofrecer otros servicios, aparte de una comunicación fuera de la red, como la publicación de webs, el almacenamiento de datos, o incluso la potencia de proceso de un ordenador o de un grupo de ordenadores.

Y es aquí donde el bitcoin tiene un papel. El uso de recursos ajenos, o de recursos puestos al servicio de una comunidad, tiene un coste. Y jugando con esas ideas es como se generó una propuesta en Reddit de un “modelo Toroken” (pensado para financiar con Bitcoin una red Tor de calidad y sostenible) aplicado a las meshnets y una posible evolución futura de las mismas, de manera que fuera Bitcoin el medio de pago por el consumo de recursos de una meshnet.

El cobro repercutiría directamente en quien usase los recursos, bien de conexión, bien de almacenamiento o bien otros que pudieran surgir en el futuro, medido en bytes enviados, recibidos o almacenados, en gigas cedidos, o en routers funcionando en base a un protocolo que hace prescindible la intervención humana en las transacciones. Colaboras con el protocolo y es el protocolo el que te paga o a quien pagas, usando Bitcoin u otra criptomoneda que dicha red acepte.

El grado de privacidad que ofrece una meshnet, incluso con salida a internet (accedida, como en Tor, por ordenadores que hicieran ese servicio, lo cobrasen o no) es muy alto, ya que para acceder a una meshnet no necesitas internet: basta con un dispositivo que tenga wifi y sepas usarlo. Seguramente sean susceptibles de ataque, por fallo de diseño o por pequeños bugs en sus aplicaciones, como todo sistema informático, pero el nuevo paradigma de comunicaciones que suponen las meshnets parece haber hecho su primera gran aparición en el momento oportuno y en el lugar adecuado.

Y ahora, con la existencia de Bitcoin pudiendo ligarse a su sostenibilidad, quizás haya llegado el momento de asistir a un nuevo modelo de red: el que sus usuarios queremos.

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