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El lavado de dinero es un pseudocrimen

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Las leyes que pretenden combatir el “lavado de dinero” ni siquiera existían hace tan sólo 20 años.  Que hoy se hable tanto de lavado de dinero, y que este sea generalmente considerado un crimen real, es una prueba más de que el aparato de propaganda estatal ha rendido sus frutos. La verdad, como de costumbre, se halla oculta en las fisuras de la Matrix…

Vía Real Virtual Currency

El término “lavado de dinero” describe un conjunto de métodos destinados a ocultar fuentes ilícitas de dinero. Ultimamente, este término está siendo utilizado a menudo, sobre todo por los reguladores, pero también ha pasado a formar parte del vocabulario común. La mayoría de la gente probablemente estaría de acuerdo con que, ¡por supuesto!, hay que hacer algo con este problema del lavado de dinero. Después de todo, los lavadores de dinero son malos, y todo el mundo lo sabe.

Lo cierto es que el lavado de dinero está incluido en una categoría que me gusta llamar de “crímenes inventados”. Un crimen inventado nace cuando un grupo de legisladores o un gobierno está apuntando a suprimir una veriedad de crímenes, pero debido a una serie de factores – la naturaleza de las instituciones burocráticas, eventos que desencadenan protestas masivas, agendas políticas / ideológicas – , se crean nuevas capas de leyes sobre las viejas leyes, que criminalizan comportamientos legítimos con la intención de reducir el riesgo de que un determinado crimen tenga lugar.

Inventar crímenes es muy sencillo. Veamos… Está comprobado que el número de episodios de violencia doméstica aumenta dramáticamente en las ciudades cuyos equipos locales han sufrido una derrota deportiva. Es ridículo, estamos de acuerdo, pero es cierto. Entonces, ¿no deberíamos prohibir que los matrimonios vean espectáculos deportivos, para así disminuir la incidencia de violencia doméstica?… ¿Que hay parejas que viven bajo un mismo techo sin haberse casado? Pues inventemos un nuevo crimen para eso también.

¿Pero por qué detenerse ahí? Debería ser ilegal ir a un bar conduciendo un automóvil. Después de todo, es obvio que la mayoría de los que llegan a un bar conduciendo van a beber y, posteriormente, a conducir de vuelta a sus casas. ¿Y qué hay de las mujeres que caminan con escasa ropa por callejones oscuros? Ellas tienen altas probabilidades de ser víctimas de un crimen, y les haríamos un gran favor prohibiéndoles, bueno, caminar con escasa ropa por callejones oscuros.

Espero que puedas entender el fondo de mi argumento: las personas deben ser procesadas ​​y eventualmente castigadas por los crímenes que cometan, no por comportamientos que impliquen un riesgo o posibilidad de que un crimen sea cometido. Los conductores ebrios deben ser acusados ​​en caso de homicidio; los maridos violentos amantes del deporte deben ser acusados ​​por sus actos violentos; y los lavadores de dinero deben ser condenados por el crimen que han cometido, si es que han cometido un crimen.

El lavado de dinero no es más que un crimen ficticio, que sólo sirve para expandir el alcance de los organismos estatales a expensas de los individuos. Es una herramienta que le permite al Estado mantener el control sobre los ciudadanos e intimidar a los grupos con los que no está de acuerdo, incluso si dichos grupos no han cometido ningún crimen real.

Ver texto original, en inglés

Ver también El poder del dinero