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¿Son idiotas los inversores?

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Por Bill Bonner

(Traducido al español por majamalu)

Mi viejo amigo Mark Hulbert ha hecho algunas investigaciones sobre la probabilidad de un desplome en el mercado de valores.

En un escrito para Barron’s, señala que el riesgo… o, más correctamente, la incidencia… de los desplomes históricamente ha sido muy baja:

… Considera que en los colapsos de 1987 y 1929 se produjeron las dos peores caídas intradiarias desde que el índice Dow Jones fue creado, en 1896. Teniendo en cuenta que se han producido más de 32.000 sesiones desde entonces, la conclusión, al menos para esta franja de la historia, es que en cualquier período dado de seis meses existe una probabilidad de un 0,79% de una caída intradiaria calamitosa.

Y no hay razón para creer que la frecuencia de los desplomes bursátiles en el futuro será significativamente mayor. Xavier Gabaix, un profesor de finanzas en la Universidad de Nueva York, ha publicado una fórmula de frecuencia de desplomes que según él refleja una característica universal de todos los mercados, no sólo de los mercados de valores o de los mercados en los EE.UU. De acuerdo con esa fórmula, la probabilidad de una caída de un 12,8% en cualquier período dado de seis meses es de 0,92%.

Esto significa que el inversor promedio de los últimos tres decenios ha creído que un desplome bursátil era más de 24 veces más probable de lo que la historia de EE.UU. sugería, y que los inversores creen actualmente que el riesgos es 28 veces más alto de lo que la historia sugiere.

Espera… ¿Son idiotas los inversores o qué?

Tal vez no.

Yo soy de los que felizmente sobre-estiman el riesgo de un desplome.

Esperaba uno en 1998… y otra vez en 1999… y cuando llegó en el 2000, estaba tan sorprendido como cualquiera.

Luego los precios volvieron a subir. Y de nuevo alcé la antigua bandera negra y azul: alerta de desplome. En el año 2005… en 2006… en 2007… Finalmente, en 2008, ocurrió lo que esperaba.

Y ahora que el mercado se ha recuperado de nuevo… espero lo mismo.

Los inversores y los pavos

Como señala Mark, estadísticamente, la probabilidad de que un desplome ocurra en un día determinado es pequeña. Pero eso es un poco como decirle a un pavo que no se preocupe porque la probabilidad de que sea el día de Acción de Gracias es sólo de 1 en 365.

Con el tiempo, todos los pavos y todos los inversores terminarán golpeados. Y, en general, cuanto más tiempo un mercado funcione sin corrección, más la necesitará.

Además, hay algo un tanto sospechoso en estos números.

En los últimos 20 años tuvieron lugar los citados episodios de ventas masivas en el mercado de valores –uno en el año 2000, fuertemente concentrado en el Nasdaq, y el otro más general en el 2008–. Sin embargo, la gente al invertir no piensa en términos de evitar el día específico del desplome.

A los inversores no les importa si el desplome ocurre un miércoles o un jueves. Si ellos creen que va a ocurrir en cualquier momento en un lapso de seis meses, generalmente querrán permanecer fuera del mercado, reconociendo que no es posible calcular este tipo de cosas con precisión.

Desde este punto de vista, hubo 40 períodos de seis meses en los últimos 20 años. Y las crisis ocurrieron en dos de ellos… o en uno de cada 20.

Si los inversores realmente pensaran que las probabilidades de un desplome son 28 veces más altas que 1 de cada 20, entonces creerían que ocurrirá un desplome cada seis meses. Y estarían fuera del mercado todo el tiempo.

Es como la ruleta rusa.

Además, las estadísticas que cita Mark en realidad no miden el “riesgo” de un desplome. Se refieren sólo a la frecuencia.

Imagina a un borracho que coloca una bala en un revólver, hace girar la cámara y se pone la pistola en la sien.

“Sólo hay una chance en seis de que esto me mate”, dice.

Estadísticamente, tiene razón. Las probabilidades están a su favor. Pero ¡qué mala apuesta!

La verdadera medida del riesgo involucra algo más que simplemente la probabilidad estadística. La frecuencia debe ser multiplicada por la gravedad del evento si queremos ver el panorama completo.

El inversor típico tiene alrededor de 50 años. Si el próximo desplome brusátil es seguido por un gran rebote, como el de los otros dos desplomes de los últimos 20 años, él estará feliz de no haber prestado atención a nuestras advertencias y haber dejado su dinero en acciones.

Pero ¿y si el desplome de la bolsa de 2016 resulta ser más bien como el del ’29 o el mercado bajista del ’66? Podría tener que esperar 20 años para recuperarse por completo.

Y si es como el desplome que ocurrió en Japón en 1990, tendría que esperar hasta el 2042.

Leer texto original, en inglés