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Dolarización y bitcoinización

Por Eduardo Martínez Narváez

¿Es posible que el Bitcoin sea adoptado como moneda oficial por algún Estado? De darse esa circunstancia, la criptomoneda se consolidaría rápidamente en un territorio, y se eliminaría de cuajo una de las razones que esgrimen sus detractores de cuño keynesiano, a saber: la ausencia de aprobación gubernamental.

Quienes creen que dicho escenario es improbable, suelen invocar los siguientes motivos:

  • Ningún gobierno va a querer perder el control sobre la emisión de dinero, ni renunciar a la posibilidad de fijar políticas monetarias.
  • Un salto como ese requeriría cambios legislativos radicales en el país adoptante.
  • El Estado jamás aceptaría tener menos control sobre los movimientos financieros de la población productiva.
  • Las corporaciones del sector financiero, aliadas del poder político, se opondrían firmemente a ceder parte de su cuota de mercado frente a este sistema descentralizado.

Sin embargo, hay quienes consideran que existen buenas razones para promover la adopción del Bitcoin como moneda de curso legal por parte de algún Estado. Como verán, algunas de estas razones (no todas) pueden valer tanto para el común de la gente como para el gobierno en cuestión:

  • Los ciudadanos recuperarían su potestad en lo relativo a la moneda, que ahora mismo se encuentra en manos de los bancos centrales.
  • El poder adquisitivo de la población del país adoptante aumentaría, dada la imposibilidad de aplicar medidas inflacionarias.
  • Habría un salto adelante en lo referido a la transparencia en el movimiento de fondos estatales, gracias al carácter público de la cadena de bloques.
  • Sin los obstáculos que impone el sistema financiero actual, el libre intercambio pasaría a ser la norma, con lo cual se multiplicarían las oportunidades comerciales y las inversiones extranjeras.

La discusión puede ser apasionante, pero apartando especulaciones y escenarios tentativos, lo cierto es que ya existen gobiernos que han renunciado a la moneda propia para adoptar bien una moneda co-participada por distintos países y bajo el control de un ente supranacional, como lo es el Euro, o bien directamente la moneda de otro Estado, como ocurre con el Dólar Estadounidense y su adopción como moneda de curso legal por parte de Ecuador, El Salvador o (parcialmente) Panamá.

Durante el encuentro “Bitcoin London 2013”, Sveinn Valfells, el economista egresado de la universidad estadounidense de Stanford y reconocido desarrollador de aplicaciones informáticas, consideró posible y deseable la adopción de Bitcoin como moneda de curso legal en Islandia: “Si continúa creciendo en términos de liquidez, capitalización y adopción general, Bitcoin podría llegar a ser adoptado por países pequeños de aquí a diez años o menos. Algunos pequeños estados utilizan la moneda de estados más grandes, pero Bitcoin podría abrir el camino a un sistema monetario independiente, dándole a los microestados la oportunidad de operar con una moneda que no viene marcada por las necesidades de otro gobierno. Bitcoin para mí es una versión moderna del oro y la plata.”

Si, como vimos antes, la adopción de una moneda supranacional, e incluso de una moneda extranjera, es un hecho en varios países cuyos gobiernos han renunciado, por diferentes circunstancias, nada menos que a la emisión de moneda propia, ¿por qué no podría ocurrir igualmente con el Bitcoin, siendo que en este caso se obtendría la ventaja de no quedar sujeto a los vaivenes de entidades propensas a corromperse, tales como la Reserva Federal y el BCE?

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