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China y Bitcoin: el balance es positivo

Por Eduardo Martínez Narváez

A mediados de octubre pasado, el buscador chino de Internet Baidu –equivalente local de Google–, anunciaba su decisión de aceptar bitcoins en pago por uno de sus servicios. Otras empresas del país oriental siguieron sus pasos y decidieron ofrecer igualmente esta opción. Aquel fue un buen revulsivo para la criptomoneda, que experimentó una fuerte demanda entre los usuarios chinos. Sin embargo, debemos remontarnos al mes de julio de este mismo año para encontrar la primera referencia a Bitcoin en un medio masivo de comunicación de China: fue en ese mes cuando la TV oficial de ese país transmitió un documental sobre la criptomoneda, despertando interés en una población muy habituada por otra parte a las monedas digitales y a especular en cualquier activo diferente a la moneda de curso legal, el Yuan.

Debemos recordar que a principios de 2013, en el mes de enero, el precio del bitcoin era de unos 13 USD/BTC. Cuando se produjo el anuncio de Baidu, a finales de octubre pasado, la cotización del bitcoin ya rondaba los 150 USD/BTC, y a partir de esa fecha comenzó una escalada en la cotización que lo llevó hasta los más de 1.200 USD/BTC a inicios de este mes de diciembre. Al momento de escribir este artículo cotiza alrededor de los 550 USD/BTC, después de que el gobierno chino declarara improcedente el uso de Bitcoin en las operaciones financieras dentro de ese país.

Pero, ¿puede atribuirse en su totalidad al anuncio gubernamental en China la reciente caída en la cotización del bitcoin?

Mi respuesta es: ¡Y qué más da!

El análisis técnico, fundamental, la lectura de gráficos, el MACD, las teorías financieras, los RSI, la interpretación de velas, la sobreventa, etc., se lo dejo en esta ocasión a otros.

Lo cierto es que además de que la cotización del bitcoin ha marcado un aumento exponencial durante este año, por encima de cualquier otro activo existente a nivel mundial, algo muy positivo ha ocurrido en estas últimas semanas: la criptomoneda ha recibido una inmensa publicidad y promoción gracias a los sucesos antes mencionados. Aunque muchos vean las cosas con un enfoque negativo, concentrándose en el comportamiento del precio en el corto plazo, lo cierto es que la marcada volatilidad –nunca nos cansaremos de repetirlo– corresponde a un activo en proceso de monetización –de consolidación como depósito de valor–, mientras se agota la primera etapa en su camino a convertirse en dinero con todas las letras.

La excelente noticia es que al día de hoy Bitcoin está en boca de mucha más gente; está siendo reseñado en noticieros y medios de comunicación por todo el planeta, recibiendo la atención de inversores, compañías multinacionales, gobiernos… y siendo adoptado como medio de pago por cada vez más negocios de todo tipo. Todo esto a un ritmo vertiginoso, y en un contexto de incertidumbre generado por las autoridades en China –a pesar de (y tal vez gracias a) el empeño de un gobierno en intentar limitar de alguna manera su implantación–. Inútil pretensión.

Por otra parte, si se extendiera la caída en la cotización, muchas personas que no se habían animado a adquirir bitcoins en los momentos de fuerte subida –que es cuando lo han conocido–, a lo mejor podrían superar el factor psicológico que les hace pensar que si no adquieren unidades enteras de bitcoin no están obteniendo nada. Si se produjese ese ajuste en el precio, la comunidad bitcoinera aceleraría la ampliación de su base de usuarios, algo necesario para darle profundidad al mercado y seguir recorriendo el camino de la monetización.

A quienes entraron en la cresta de la ola: paciencia, Bitcoin llegó para quedarse.

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