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Bitcoin y la manía de los tulipanes

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¿Qué diferencia a un bitcoin de un tulipán? Créase o no, esto es algo que todavía muchos académicos no tienen claro. La respuesta es muy simple: lo que diferencia a un bitcoin de un tulipán es que el primero tiene óptimas cualidades monetarias, mientras que el segundo… bueno, es un tulipán.


Cual teólogos de la Inquisición ante el modelo heliocéntrico de Copérnico, nuestros papaga… nuestros doctos repiten (para eso les pagan) el dogma predicado por las autoridades universitarias –avaladas por las autoridades ministeriales, avaladas estas a su vez por el poder político–, a saber: que el valor de una moneda proviene de su “respaldo” gubernamental, y que los incentivos que subyacen a la adopción de Bitcoin –aquí es obligatoria una sonrisa petulante– se asemejan a los que dieron lugar a la manía de los tulipanes.

Tron Black ha cerrado para siempre el ataúd de este mito. Ahora corresponde trasladarlo a los claustros universitarios –allí donde nació y creció– para que sea debidamente reverenciado.

Fuente: Let’s Talk Bitcoin

Cuando nos acercamos a Bitcoin nos vemos obligados a pensar acerca del dinero y el valor. Algunas personas llegan a la conclusión errónea de que el fenómeno Bitcoin es como la manía de los tulipanes. La manía de los tulipanes tuvo lugar en la década de 1600 en los Países Bajos, cuando el precio de un bulbo de tulipán muy raro podía superar el precio de una bonita mansión. Es fácil entender por qué algunos analistas de sillón hacen esta comparación: después de todo, el espectacular aumento de valor de algo que no se puede sentir, tocar o ver se encuentra fuera del ámbito de su experiencia.

Los bulbos de tulipán tienen una propiedad interesante: se pueden reproducir. Mucha gente compraba bulbos de tulipanes raros y muy valiosos con la idea de reproducirlos, vender los nuevos ejemplares para recuperar su inversión original y luego seguir vendiendo bulbos a pura ganancia. Parece una idea bastante buena. ¿Por qué no funcionó? La respuesta está en la curva de crecimiento geométrico.

Estos tulipanes se estaban reproduciendo a una tasa geométrica, con las exigencias de la tierra, el agua y la luz solar como únicos limitantes de su crecimiento. La motivación era la riqueza, y todo el mundo quería vender sus tulipanes para recuperar el costo de la inversión inicial. Matemáticamente, el único resultado posible de esta producción exponencialmente creciente de tulipanes era la pérdida de valor de los tulipanes. Esto era previsible. ¿Cuántos matemáticos invirtieron en bulbos de tulipanes en aquel entonces? No tengo las estadísticas, pero supongo que la respuesta es ninguno.

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El carro de los tontos, por Hendrik Gerritsz Pot, 1637.

La “producción” de bitcoins también sigue una curva geométrica. La diferencia es que en este caso el multiplicador es menor que 1 (0,5). Aproximadamente cada cuatro años, según lo determina el protocolo, la velocidad a la que se generan nuevos bitcoins se reduce a la mitad. Una curva exponencial con un multiplicador de menos de 1 se conoce como una curva en decaimiento exponencial. El número de nuevos bitcoins no crece de manera explosiva, como lo hacía la tasa de nuevos bulbos de tulipán; de hecho, la producción de nuevos bitcoins disminuye y tiende a cero, que es exactamente lo contrario a lo acontecido durante la manía de los tulipanes.

En resumen, la manía de los tulipanes era matemáticamente insostenible, porque la producción de tulipanes crecía exponencialmente mientras que el consumo de tulipanes estaba limitado por el número de seres humanos. Bitcoin, en cambio, determina un decaimiento exponencial de la cantidad de unidades nuevas a ser distribuidas entre los titulares de bitcoins. Estamos comparando manzanas con naranjas, o tulipanes con bitcoins. No es lo mismo, en absoluto.

La manía de los tulipanes se asemeja más a las políticas de flexibilización cuantitativa de los bancos centrales. Es matemáticamente insostenible. Si creyera que la flexibilización cuantitativa es una buena idea, la usaría yo mismo: obtendría una tarjeta de crédito para pagar las deudas de otra tarjeta de crédito, y luego pagaría eso con un adelanto en efectivo de otra tarjeta de crédito. Si funcionara el tiempo suficiente, podría incluso convencerme a mí mismo de que se trata de una excelente idea, y que me ha salvado de la ruina financiera. ¿Cuántos matemáticos invierten en dólares y aguardan que su valor aumente? No tengo las estadísticas, pero quiero creer que la respuesta es ninguno.

Leer texto original, en inglés


Imagen por Charles Roffey

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