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Shelling out – Los orígenes del dinero (V)

Shelling out – Los orígenes del dinero V (Ver parte IV)

Nuevas teorías sobre los orígenes y la naturaleza del dinero

Fuente: Nick Szabo’s papersTraducido al español por moraluniversal.com

Shelling out–orígenes-dineroEl dinero primordial usado por muchas tribus de cazadores recolectores tiene una apariencia muy diferente al dinero moderno. Este tiene ahora un papel diferente en nuestra cultura; entonces tenía una función probablemente limitada a pequeñas redes de comercio y otras instituciones locales de las que hablaremos más adelante. Por tanto, llamaré a dicho dinero artículos de colección, en lugar de simplemente dinero. Los términos usados en la literatura antropológica para referirse a estos objetos eran normalmente, o bien “dinero” (definido más ampliamente que simples monedas y billetes impresos por gobiernos, pero más estrechamente que nuestros “artículos de colección”) o el vago “objeto de valor”, que a veces se refiere a artículos que no son de colección en el sentido del presente ensayo. Los motivos para elegir el término “artículo de colección” sobre otras posibles formas de llamar al dinero primordial se nos harán evidentes. Los artículos de colección tenían unos atributos muy específicos; no eran meramente simbólicos. Si bien los objetos concretos y los atributos valorados como coleccionables podían variar entre culturas, estos quedaban lejos de ser arbitrarios. La función primaria y esencial de estos artículos de colección era la de ofrecer un medio para almacenar y transferir la riqueza. Algunos tipos de artículos de colección, como el wampum, podían ser útiles como dinero tal y como lo conocemos ahora allí donde las condiciones económicas y sociales estimulaban el comercio. Ocasionalmente usaré los términos “protodinero” y “dinero primitivo” en lugar de “artículo de colección” al referirme a los medios de transmisión de riqueza anteriores a la acuñación.

Ganancias por transmisión de riqueza

La gente, los clanes o las tribus deciden comerciar voluntariamente porque ambas partes creen que ganarán algo con ello. Sus creencias acerca de ese valor pueden cambiar después de cada intercambio, por ejemplo, según adquieren experiencia con el bien o el servicio en cuestión. A la hora del intercambio, estas creencias, si bien en cierto grado imprecisas, siguen siendo a menudo correctas en tanto que existe ganancia. Especialmente a principios del comercio intertribal, restringido a artículos de gran valor, cada parte tenía un fuerte incentivo para acertar con sus creencias. Así, el comercio casi siempre acababa beneficiando a ambas partes. El comercio generaba valor tanto como lo hacía el acto físico de elaborar algo.

Puesto que los individuos, los clanes y las tribus todos tienen diferentes preferencias, diferente habilidad para satisfacer estas preferencias, y diferentes creencias sobre estas habilidades, preferencias y los objetos que resultan de ellas, siempre hay algo que ganar con el comercio. Otra cosa es si los costes de este comercio (los costes de transacción) son lo suficientemente bajos como para que valga la pena. En nuestra civilización, muchos más intercambios son posibles que durante la mayor parte de la historia de la humanidad; sin embargo, como veremos, algunos tipos de intercambio valían más que los costes de transacción para algunas culturas, probablemente hacia los orígenes del homo sapiens sapiens.

Homo-sapiens

Los intercambios voluntarios localizados no son los únicos tipos de transacciones que se benefician de costes inferiores de transacción. Esta es la clave para comprender el origen y la evolución del dinero. Las reliquias familiares podían ser usadas como garantía para eliminar el riesgo crediticio de los intercambios aplazados. No solo el comercio se beneficiaba de la técnicas que permitían disminuir costes de transacción; la capacidad de una tribu victoriosa para recaudar tributos también se beneficiaba, así como el demandante en su evaluación de daños por violaciones de leyes o costumbres, o los parientes que preparaban un matrimonio. Los parientes también se beneficiaban de las riquezas que heredaban de manera oportuna y pacífica. Los grandes eventos de la vida humana, que las culturas modernas segregan del mundo del comercio, se beneficiaban tanto como el comercio – y a veces incluso más – de estas técnicas para la reducción de costes de transacción. Ninguna de estas técnicas era más efectiva e importante que el dinero primitivo: los artículos de colección.

Cuando el H. sapiens sapiens desplazó al H. sapiens neanderthalis se sucedieron una serie de explosiones de población. Cierta evidencia de la conquista de Europa c. 40.000 a 35.000 AP indica que el H. sapiens sapiens multiplicó por diez la capacidad de carga de su entorno sobre el H. sapiens neanderthalis (es decir, la densidad de población se multiplicó por diez). No sólo eso, los recién llegados disponían de suficiente tiempo libre para crear el primer arte del mundo – como las maravillosas pinturas rupestres y una gran variedad de estatuillas bien elaboradas – y, por supuesto, los maravillosos pendientes y collares hechos de conchas, dientes y cáscaras de huevo.

collar-conchas

Estos objetos no eran meras decoraciones inútiles. Las transferencias de riqueza que los artículos de colección hicieron posibles, así como la aparición del lenguaje simbólico, dieron origen a nuevas instituciones culturales que muy probablemente lideraron el incremento de la capacidad de carga del entorno. Los recién llegados, H. sapiens sapiens, tenían un cerebro del mismo tamaño, huesos más débiles y músculos más pequeños que los neandertales. Sus herramientas de caza eran más sofisticadas, pero en el 35.000 AP eran básicamente las mismas; probablemente ni siquiera el doble de efectivas – mucho menos diez veces. La mayor diferencia pudo haber sido la transferencia de riqueza que los artículos de colección convirtieron en algo más efectivo. H sapiens sapiens se regocijaba en la recolección de conchas, con las que hacía alhajas de las que se enorgullecía y que usaba para comerciar; H sapiens neandertalis no lo hacía. La misma dinámica habría estado funcionando decenas de miles de años atrás en el Serengueti, cuando H sapiens sapiens primero apareció en aquella vorágine de evolución humana – África. Describiremos cómo los coleccionables redujeron los costes de transacción en cada tipo de transferencia de riqueza: en el obsequio libre y voluntario de las herencias, en el negocio mutuo del matrimonio, y en las transferencias involuntarias de los juicios legales y la tributación.

Todos estos tipos de transferencia de valor ocurrieron en muchas culturas de la prehistoria humana, probablemente desde el principio del Homo sapiens sapiens. Las ganancias esperadas, por una o ambas partes, de estas transferencias de riqueza eran tan grandes que estas ocurrían a pesar de sus altos costes de transacción. En comparación con el dinero moderno, el dinero primitivo tenía una velocidad muy lenta; solía transmitirse unas pocas veces en la vida del individuo medio. Aun así, un artículo de colección de gran durabilidad (lo que hoy día llamaríamos una reliquia familiar) podía persistir por muchas generaciones y añadía un valor considerable a cada transferencia, siendo a menudo lo que la hacía posible. Las tribus, por tanto, pasaban muchísimo tiempo dedicándose a la aparentemente frívola tarea de manufacturar joyas y otros artículos de colección, y a la exploración en busca de materias primas para tal fin.

Imagen por Ryan Somma

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