La fiebre de Bitcoin Según MIT Technology Review

El sitio MIT Technology review cubrió el fenómeno de «la fiebre de Bitcoin», una carrera tecnológica en la cual mineros de todo el mundo compiten por obtener más unidades de la preciada criptomoneda utilizando la menor cantidad posible de energía eléctrica. Cabe trazar un paralelismo con lo acontecido en tiempos de la fiebre del oro, pero esta vez con GPUs y FPGAs en lugar de picos y palas.

Vía MIT Technology Review

Los devotos del dinero digital mejoran su tecnología en una carrera por generar nuevas monedas.

 (…) Hay bitcoins por valor de 130 millones de dólares (unos 100 millones de euros) circulando, cuidados por una comunidad devota que trabaja para expandir su uso. Y se siguen extrayendo más en un proceso que recompensa a los buscadores digitales de oro cuando su software resuelve puzles matemáticos relacionados con verificar transacciones y regular cómo se usa la moneda. Ahora, algunos miembros de la comunidad están dando el caro paso de crear chips de silicio personalizados dedicados a ejecutar el software que lleva a cabo ese proceso.

 “Lo hacemos porque es una oportunidad de negocio y también porque creemos en Bitcoin y en lo que puede hacer”, afirma Josh Zerlan, director de operaciones de Butterfly Labs, una empresa de Kansas City (Estados Unidos) que está esperando a que su primera remesa de chips llegue de un fabricante asiático. Estos chips se revenderán a entusiastas de Bitcoin en una línea de productos que se conectan a un ordenador vía USB y aumentan su capacidad para extraer la moneda. Su precio va de los 149 dólares (unos 115 euros) a los 28.899 (unos 22.250 euros) y a principios de 2013 empezarán a hacer envíos a cerca de mil clientes que ya habían hecho sus pedidos.

 Butterfly se enfrenta a la competencia de otras empresas que también están desarrollando circuitos integrados específicos para aplicaciones, denominados por la industria ASICs, en referencia a sus siglas en inglés. Es probable que la competencia más fuerte provenga de otra empresa estadounidense, BTCFPGA, cuya sede está en Nueva York, y de dos con sede en China, Avalon y ASICMiner. Las tres prometen comercializar productos basados en sus chips personalizados a principio del próximo año.

 Fabricar un ASIC es algo muy complejo y caro. Cuesta, como mínimo, unos cientos de miles de dólares. Y lo es principalmente porque los contratistas –que casi siempre están en el extranjero- cobran precios muy elevados para poner en marcha las plantas que contienen el complejo equipo necesario para grabar chips en obleas de silicio. Los ASICs se graban con precisión microscópica partiendo de bloques de silicio. Butterfly Labs afirma que ha pagado por fabricar chips con características de hasta 65 nanómetros de tamaño; BTCFPGA y otros afirman que han optado por un proceso de producción más barato que solo llega a los 90 nanómetros.

 Butterfly Labs ocupa una gran planta en Overland Park, Kansas, donde ha comprado equipo para fabricar productos basados en su chip, explica Zerlan. Incluye una máquina que coge y coloca los chips -de 7,5 milímetros de lado- para soldarlos sobre circuitos y tres líneas de producción para montar el producto final. Zerlan no quiere decir cuánto ha costado todo, pero afirma que la empresa ha pagado el proyecto gracias a los beneficios de productos anteriores y a la financiación de inversores de capital riesgo sin especificar.

 El portavoz de ASICMiner, cuyo alias en línea es Friedcat, afirma que no hace falta tecnología punta para acelerar significativamente el proceso de extracción, haciendo que el reto sea “asequible” para equipos relativamente pequeños.

 Friedcat ha escrito: “La mayoría de la gente cree que la de los ASICs es una industria intensiva en capital. Pero no lo es para los aparatos de minería de Bitcoin, porque incluso la tecnología para la fabricación de chips de hace 10 años sigue siendo mucho mejor que los equipos de extracción actuales”. Según Friedcat, los ingenieros que han trabajado en el diseño de ASICMiner tienen experiencia en la creación de chips significativamente más complejos en laboratorios nacionales y start-ups.

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